Desde luego hacía mucho tiempo que no me reía tanto con una película, y eso es algo de agradecer. Pueden haber pasado muchos años desde que se estrenó esta película, pero sin embargo, esta gran comedia de Billy Wilder no se ha quedado para nada obsoleta.
En una época en la que capitalistas y comunistas luchaban por el control del mundo, Uno, Dos, Tres, brinda una visión caricaturesca de un conflicto que se alargó hasta principios de los 90. Ojo SPOILERS.
Ya desde el comienzo, el ritmo de la película es frenético. Apenas has tenido tiempo de asimilar una situación tan caricaturesca como absurda, y ya te has perdido unas cuantas más.
Al principio todo parece indicar que la película en sí no es más que una burla del sistema comunista y también una burla del autoritarismo y la disciplina que reinaron en la Alemania Nazi y que aun está muy presente en los ciudadanos Alemanes de aquella época.
Sin embargo a medida que avanza la película, uno se da cuenta que no existen realmente tintes políticos sino que la intención del filme es que el espectador ría a carcajadas sin importar a quien se ridiculiza.
Los americanos son pintados como unos capitalistas estúpidos que se piensan que pueden controlar el mundo sólo con venderles botellas de CocaCola, y los comunistas se muestran como auténticos idiotas cuyas convicciones políticas son indirectamente proporcionales a la cantidad de dinero con la que se les soborne.
Las actuaciones son espectaculares. James Cagney (MacNamara) es sublime en su papel de Director ejecutivo en la fábrica de Coca Cola en Berlín Oeste. Hann Lothar (Schlemmer) es impresionante en su papel de ayudante del director, en una interpretación sin igual de un reprimido y adorable ex-nazi, que intenta por todos los medios ocultar su pasado pero a quien sus costumbres y su educación traicionan.
Como ya he dicho antes, comienza con un ritmo muy alto que a medida que avanza la película va creciendo más y más. La música se acelera, el reloj de cuco con su himno cada vez suena más veces y las órdenes del director aumentan de número y de volumen.
Los últimos 15 minutos de la película son tan espectaculares tanto por su sincronía como por su perfección que casi me atrevería a decir que están rodados en un plano continuo sin cortes.
En una época en la que capitalistas y comunistas luchaban por el control del mundo, Uno, Dos, Tres, brinda una visión caricaturesca de un conflicto que se alargó hasta principios de los 90. Ojo SPOILERS.
Ya desde el comienzo, el ritmo de la película es frenético. Apenas has tenido tiempo de asimilar una situación tan caricaturesca como absurda, y ya te has perdido unas cuantas más.Al principio todo parece indicar que la película en sí no es más que una burla del sistema comunista y también una burla del autoritarismo y la disciplina que reinaron en la Alemania Nazi y que aun está muy presente en los ciudadanos Alemanes de aquella época.
Sin embargo a medida que avanza la película, uno se da cuenta que no existen realmente tintes políticos sino que la intención del filme es que el espectador ría a carcajadas sin importar a quien se ridiculiza.
Los americanos son pintados como unos capitalistas estúpidos que se piensan que pueden controlar el mundo sólo con venderles botellas de CocaCola, y los comunistas se muestran como auténticos idiotas cuyas convicciones políticas son indirectamente proporcionales a la cantidad de dinero con la que se les soborne.
Las actuaciones son espectaculares. James Cagney (MacNamara) es sublime en su papel de Director ejecutivo en la fábrica de Coca Cola en Berlín Oeste. Hann Lothar (Schlemmer) es impresionante en su papel de ayudante del director, en una interpretación sin igual de un reprimido y adorable ex-nazi, que intenta por todos los medios ocultar su pasado pero a quien sus costumbres y su educación traicionan.
Como ya he dicho antes, comienza con un ritmo muy alto que a medida que avanza la película va creciendo más y más. La música se acelera, el reloj de cuco con su himno cada vez suena más veces y las órdenes del director aumentan de número y de volumen.
Los últimos 15 minutos de la película son tan espectaculares tanto por su sincronía como por su perfección que casi me atrevería a decir que están rodados en un plano continuo sin cortes.
En resumen, una grandísima película que Uno: te hará pasar un rato buenísimo y divertido, Dos: no defrauda ni por estética ni por escenarios aun que se vean antiguos y Tres: recomiendo encarecidamente a todos aquellos amantes de una gran comedia de cine clásico.

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