Seguimos con la misma tónica que caracterizó a la entrega precedente. Esta vez no es Cuarón sino Mike Newell quien intentando copiar el estilo del primero, o tal vez de pura coincidencia, nos presenta un Harry Potter and The Globlet of Fire que deja un sabor agridulce.
Digo agridulce porque una vez más tenemos ante nosotros un producto que sin duda desató la ira de todos aquellos fans de la cuarta novela, que no pueden ni entenderán jamás, que es imposible condensar en una película, más 700 páginas de texto impreso sin que ésta tenga una duración de dos semanas.
Al igual que hizo Cuarón en la tercera película, Newell también deja paso libre a su imaginación dejando muchísimas escenas poco explicadas, inconclusas o simplemente y aún pero, se las inventa.
Como producto televisivo, dejando a un lado que se trata de Harry Potter, es bueno. Gran puesta en escena, y unos efectos especiales que, cómo no, son el plato fuerte del filme y la película en sí es bastante entretenida. ¡OJO SPOILERS!
Como ha venido ocurriendo hasta ahora, en ésta cuarta película también tenemos nuevos personajes, algunos destacables y otros no tanto. Impresionantes Brendan Gleeson (Pr. Mad Eye Moody) y Ralph Phienes (Voldemort). Robert Pattinson (C. Diggory), demasiado preocupado por hacer alucinar a las jovencitas en su papel de vampiro gusiluz, no da para mucho.
Si en algo ha patinado por completo Newell es en el enfoque que da del Pr. Dumbledore. El personaje literario se muestra como calmado, frio, comprensivo, sabio, el mago más grande del mundo, al único que Voldemort teme. Sin embargo Newell nos presenta poco menos que un mago incompetente, que pierde los nervios con facilidad y el cual tarda más que los propios espectadores en llegar a determinadas conclusiones.
Los protagonistas principales, el trío ya no tan niño, van ganando madurez y los personajes comienzan a tomar una mejor forma, sobre todo R. Grint que deja de ser el tonto de turno para presentar un Ron Weasley más adulto, serio y mordaz. Sin embargo la tendencia de E. Watson a sobreactuar o mejor dicho a enfatizar cada una de sus frases acaba siendo cansino en muchas ocasiones. Raddcliffe también muestra una más convincente puesta en escena de su personaje, transmitiendo el miedo, la ira y las emociones a las que es sometido en su cuarto año en la escuela.
Las lagunas argumentales son enormes hasta el punto de que desde casi el primer minuto de película uno comienza a perderse. Para alguien que no haya leído recientemente el libro, los primeros 20-30 minutos de metraje no son sino un conjunto de imágenes sueltas imposibles de combinar.
Con todo lo que se han dejado en el tintero, yo no me podía imaginar en aquella época cómo iban a continuar la saga. Tenía dos ideas: O bien en la quinta entrega nos metían todo lo que faltaba a rebuño o lo omitían dando por supuesto que “todo el mundo se ha leído el libro” y por tanto no hay porqué explicar nada. Fue lo segundo.
En fin, poco más puedo decir. Ah si, me olvidaba. Un aspecto muy importante a destacar es que ésta película ya no es para todos los públicos. Los niños que comenzaron leyendo las novelas y viendo las películas a los 9 ó 10 años, ya son algo más mayorcitos. Pero ante todo, que muchos padres se quiten de la cabeza esa idea de que Harry Potter “es para niños” así que me llevo a mi hijo de 6 años y a mi sobrina de 7 al cine y los tengo callados un rato.
Apta para pasar una buena tarde entretenida, con palomitas.
Digo agridulce porque una vez más tenemos ante nosotros un producto que sin duda desató la ira de todos aquellos fans de la cuarta novela, que no pueden ni entenderán jamás, que es imposible condensar en una película, más 700 páginas de texto impreso sin que ésta tenga una duración de dos semanas.Al igual que hizo Cuarón en la tercera película, Newell también deja paso libre a su imaginación dejando muchísimas escenas poco explicadas, inconclusas o simplemente y aún pero, se las inventa.
Como producto televisivo, dejando a un lado que se trata de Harry Potter, es bueno. Gran puesta en escena, y unos efectos especiales que, cómo no, son el plato fuerte del filme y la película en sí es bastante entretenida. ¡OJO SPOILERS!
Como ha venido ocurriendo hasta ahora, en ésta cuarta película también tenemos nuevos personajes, algunos destacables y otros no tanto. Impresionantes Brendan Gleeson (Pr. Mad Eye Moody) y Ralph Phienes (Voldemort). Robert Pattinson (C. Diggory), demasiado preocupado por hacer alucinar a las jovencitas en su papel de vampiro gusiluz, no da para mucho.
Si en algo ha patinado por completo Newell es en el enfoque que da del Pr. Dumbledore. El personaje literario se muestra como calmado, frio, comprensivo, sabio, el mago más grande del mundo, al único que Voldemort teme. Sin embargo Newell nos presenta poco menos que un mago incompetente, que pierde los nervios con facilidad y el cual tarda más que los propios espectadores en llegar a determinadas conclusiones.
Los protagonistas principales, el trío ya no tan niño, van ganando madurez y los personajes comienzan a tomar una mejor forma, sobre todo R. Grint que deja de ser el tonto de turno para presentar un Ron Weasley más adulto, serio y mordaz. Sin embargo la tendencia de E. Watson a sobreactuar o mejor dicho a enfatizar cada una de sus frases acaba siendo cansino en muchas ocasiones. Raddcliffe también muestra una más convincente puesta en escena de su personaje, transmitiendo el miedo, la ira y las emociones a las que es sometido en su cuarto año en la escuela.
Las lagunas argumentales son enormes hasta el punto de que desde casi el primer minuto de película uno comienza a perderse. Para alguien que no haya leído recientemente el libro, los primeros 20-30 minutos de metraje no son sino un conjunto de imágenes sueltas imposibles de combinar.
Con todo lo que se han dejado en el tintero, yo no me podía imaginar en aquella época cómo iban a continuar la saga. Tenía dos ideas: O bien en la quinta entrega nos metían todo lo que faltaba a rebuño o lo omitían dando por supuesto que “todo el mundo se ha leído el libro” y por tanto no hay porqué explicar nada. Fue lo segundo.
En fin, poco más puedo decir. Ah si, me olvidaba. Un aspecto muy importante a destacar es que ésta película ya no es para todos los públicos. Los niños que comenzaron leyendo las novelas y viendo las películas a los 9 ó 10 años, ya son algo más mayorcitos. Pero ante todo, que muchos padres se quiten de la cabeza esa idea de que Harry Potter “es para niños” así que me llevo a mi hijo de 6 años y a mi sobrina de 7 al cine y los tengo callados un rato.
Apta para pasar una buena tarde entretenida, con palomitas.

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