jueves, 16 de febrero de 2012

12 Angry Men

Tengo un amigo que el cual cuando hablamos de cine es muy apasionado y las palabras “obra maestra” son algo habitual en sus opiniones. Pues bien, si queremos hablar de obras maestras, porqué no comenzar por esta. OJO SPOILERS!!.

Quizás lo más llamativo de éste filme es que perfectamente podría haber sido una obra de teatro. ¿Por qué? Pues porque la totalidad de la película transcurre en una habitación en la que hay poco más que una mesa, 12 sillas, una ventana y por supuesto 12 personas.

El cabeza de cartel de 12 Angry Men es Henry Fonda, pero eso no significa que el resto de los miembros del jurado pase inadvertido. Nada más lejos de la realidad.


Cada uno de ellos juega perfectamente su papel, el de viejo cansado, el de racista, el de engreído, el de siempre enfadado, etc. Y por supuesto no podía faltar el típico payasete al que lo único que le importa es salir pronto para ver su partido de baseball aunque lo que estén decidiendo es si un hombre es condenado o no a la silla eléctrica.

No entraré en los pormenores de la “Ley Americana” ya que tengo entendido que esta película es todo un ejemplo de lo que un jurado no debe y no puede hacer. Pero eso realmente me da igual, hay que recordar que no se trata de una clase de ciencias jurídicas sino una película clásica.

Sin embargo sí que debo admitir que se busca claramente influir en la opinión inicial del espectador. El acusado es el prototipo perfecto para causar pena. Un hombre de color, pobre y maltratado por su padre. Esto ya lleva a que de forma inconsciente no estés de acuerdo con la condena a muerte y veas con agrado como los miembros del jurado van cambiando poco a poco de parecer.

En realidad se ve como “malos” a los miembros del jurado que consideran culpable al acusado, y no al acusado en sí. La visión, nunca mejor dicho, de la película sería muy diferente, si el acusado fuera un tipo de baja catadura y con tatuajes en el cuerpo, aunque el desconocimiento de su culpabilidad o inocencia sea exactamente la misma para el público.

Pero bueno, todo esto no quita que ésta cinta sea un clásico de visionado obligatorio y una quasi-obra maestra si se compara con muchas de las bazofias actuales. Y para muestra, los más de 50 años que lleva sin caer en el olvido.

Poco más de hora y media de tensión asfixiante en una habitación, con primeros planos muy típicos del momento, una banda sonora que no destaca especialmente y unas actuaciones muy lejos de ser malas.

Como ya he dicho antes, de visionado obligatorio.

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