lunes, 6 de febrero de 2012

The Artist

Después de años y años maldiciendo la nueva industria cinematográfica uno ya llega a perder la esperanza de volver a encontrarse con un toque de originalidad, con algo más que no sea una mera adaptación de algo ya existente.

Nos hemos pasado al menos la última década viendo cómo, faltos de toda imaginación, los directores de Hollywood echaban mano de comics y novelas para tener algo que llevarse a la pantalla, eso sí todo bien envuelto en papel digital y con un lacito del maldito 3D.

Sin embargo una pequeña, o mejor dicho, una enorme luz brilla por fin en el horizonte. Y esa luz es The Artist.

Esta película, además de ser un homenaje en toda regla a lo que fueron los comienzos de una gran industria es también una clara defensa de la imagen frente a las palabras haciendo honor a “una imagen vale más que mil palabras”.

Los dos protagonistas son simplemente magistrales, espectaculares, soberbios. Un poco conocido, al menos para mí, Jean Dujardin dando vida a una estrella de cine mudo (George Valentin) y Bérénice Bejo interpretando a una futura estrella del cine (Peppy Miller).

El primero irradia simpatía con su siempre presente sonrisa y mirada penetrante. Qué maestría transmitir tantas emociones al gran público sin mediar una sola palabra. Desafío yo a trabajar en ésta película a cualquiera de esos actorcillos de pacotilla que hacen una película en su vida e incomprensiblemente la decadente academia de los oscars les da una estatuilla. No darían la talla.

La segunda no destaca menos. También detrás de una sonrisa, se presenta nuestro personaje femenino, el cual desde un principio se compenetra perfectamente con el primero, en una fantástica mezcla de simpatía, ternura e incluso humor en determinados momentos.

Ah!! No me puedo olvidar de Uggie. Un perrito que sin dar más detalles estoy seguro que hará que la gente se emocione con él. Lo digo por propia experiencia.

Como se trata de una cinta muda, evidentemente no podía faltar una grandísima banda sonora que en este caso viene de la mano de Ludovic Bource. Es simplemente magnífica y no aburre en ningún momento acompañando cada escena de forma perfecta.

La fotografía es, para un amante del blanco y negro, simplemente perfecta. Combinando según el momento lo requiera la luminosidad, la penumbra, en ocasiones elegante, en otras más sencilla, pero siempre acorde con la época que representa.

Pero si hay algo que realmente me ha emocionado de ésta película es que por fin un director ha conseguido devolverme la ilusión, aquella ilusión que tiempo ha había perdido. El Cine vuelve a resucitar y lo hace a lo grande.

No tengo dudas y desde mi humilde punto de vista no puedo menos que calificar éste filme como una OBRA MAESTRA.

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