miércoles, 22 de febrero de 2012

Ghostbusters

Es una lástima que en ocasiones ocurra que coges una película que tienes en alta estima ya que de niño te gustó sobremanera, y resulta que al volver a verla unos 18 años después se te cae el mito.

No es que la película sea mala en sí, lo que ocurre es que no ha envejecido bien, en contra de lo que estoy seguro que opina muchísima gente. Sin duda no es lo mismo ver ésta cinta con 10-12 años y en plenos años 80/90, que verla dos décadas después.

Así pues, en 1984, dos años después de que naciera un servidor, aparecía Ghostbusters de la mano de Ivan Reitman. Siendo un rotundo éxito en taquilla, esta producción estaba servida para pasar a formar parte del elenco de películas de culto.

Ahora bien, realmente la película no vale nada. Los efectos especiales son cutres. Y no me vale el clásico “para la época estaban bien”. No señor, para la época no estaban bien. Hay películas de 20 años antes cuyos efectos especiales, o visuales o como se les quiera llamar, daban mil vueltas a los de este filme.

Las actuaciones tampoco me parecen dignas de los actores que protagonizan el filme. Sin destacar en exceso, los actores principales, Sigourney Weaver, Bill Murray, Harold Ramis, Dan Akroyd y Rick Moranis cumplen con su cometido en esta cinta pero no van mucho más allá.

El guión es simple como una mala cosa y nuestros “científicos” protagonistas no se molestan en dar más explicaciones a fenómenos paranormales que en condiciones normales requerirían todo un ejército de parapsicólogos y al FBI para taparlo todo y que el populacho no se entere de nada.

Aquí si algo sobrenatural ocurre, pues ocurre y punto. Nos dejamos de explicaciones pseudo-científicas que el espectador nunca entiende y vamos al grano. ¿Quién no ha visto alguna vez un fantasma en una biblioteca o uno saliendo de un puesto de perritos calientes?. Pues eso.

La dirección de Ivan Reitman se acoge muy mucho al manual de “las películas de los 80” y por lo tanto su duración está por debajo de las dos horas. La estética también es fiel a la época con peinados que hicieron de oro a los fabricantes de laca y unos uniformes que seguro que se reutilizaron en Tortugas Ninja o en Regreso al futuro.

Apta para todos aquellos que hace casi 30 años se forraron vendiendo merchandising de la película.

martes, 21 de febrero de 2012

Avatar

¿Y esta es la impresionante película de la que todo el mundo habla? Realmente si esta es, como decían mucho, la mejor película de la última década, apaga y vámonos. OJO SPOILERS!!

Desafío a cualquiera de los que ha hecho semejante afirmación, a que me digan qué tiene de bueno Avatar si le quitas 400 millones de dólares en efectos digitales. Como historia no vale nada. La originalidad brilla por su ausencia y los personajes están estereotipados a la enésima potencia.

Me da la sensación de que Cameron esta ha mezclado su “potencial” como creador de documentales y su “alter ego” director de cine.

Se han esforzado realmente en crear un mundo muy visual y que quede muy bonito en la gran pantalla y sobre todo, digo yo, detrás de unas gafas 3D. Colores llamativos, montañas volantes al estilo Terry Pratchet, pajarracos horribles y sin embargo, ¿no podían haber sido un poco más creativos? No es que la película sea simple. Es que en algunos momentos parece que sea para niños..

Vamos a ver, ¿por dónde empezamos? La verdad es que hay para escribir 20 páginas así que intentaré no extenderme. Ah sí. Apenas hay media docena de especies de animales en Pandora y además todos son extremadamente violentos. ¿Qué ha sido de los adorables pajaritos?

¿Los personajes? Vamos, de un original subido. Como siempre los buenos son super buenos y los malos, oh sorpresa que son militares, son malos malos malísimos. Tenemos al clásico militar idiota, musculado y prepotente que no muestra piedad alguna y sólo quiere sangre.

¿Qué más? El prota, Jack (Worthington) es un marine de pacotilla al que el rollo este ni le va ni le viene. Si al menos hubiera sido un marine “nacido para matar”, su cambio de “bando” hubiera sido menos predecible y su transformación de personalidad menos evidente, pero la verdad es que un soldado al que le da igual una cosa que la otra, pues al final…blanco y en botella.

Por cierto, en un futuro tan sofisticado como para poder desarrollar una tecnología que permita traspasar la mente de una persona a otro “Avatar” y resulta que el protagonista nos lleva una silla de ruedas que ni en la década de los 90.

Las tan temidas flechas venenosas de los nativos, tal cual se nombran al principio de la película son después ninguneadas y ridiculizadas. Además, ¿para qué tanta chorrada de crear y usar los Avatar, si luego vamos a ir en plan “arraso con todo lo que pillo en plan Apocalypse Now”?.

Y Cameron en serio, ¿Unobtainium? ¿me estás vacilando? ¿400 millones de dólares y eso es todo lo que se te ocurre?. Espero que la versión doblada no hayan hecho un “Inobteniblium”. Para la siguiente a las balas llámales “Bangmium”.

Es que ya no se ni por donde seguir, de verdad. No entraré en mucho más porque es vergonzoso de verdad. Mira, si le quitamos 30 minutos es que si se notaría.

En resumen, como documental en plan Discovery Channel tiene su pase. Efectos muy buenos y una puesta en escena espléndida. Como película no vale una mierda la cojas por donde la cojas.

Una terrible pérdida de tiempo.

jueves, 16 de febrero de 2012

12 Angry Men

Tengo un amigo que el cual cuando hablamos de cine es muy apasionado y las palabras “obra maestra” son algo habitual en sus opiniones. Pues bien, si queremos hablar de obras maestras, porqué no comenzar por esta. OJO SPOILERS!!.

Quizás lo más llamativo de éste filme es que perfectamente podría haber sido una obra de teatro. ¿Por qué? Pues porque la totalidad de la película transcurre en una habitación en la que hay poco más que una mesa, 12 sillas, una ventana y por supuesto 12 personas.

El cabeza de cartel de 12 Angry Men es Henry Fonda, pero eso no significa que el resto de los miembros del jurado pase inadvertido. Nada más lejos de la realidad.


Cada uno de ellos juega perfectamente su papel, el de viejo cansado, el de racista, el de engreído, el de siempre enfadado, etc. Y por supuesto no podía faltar el típico payasete al que lo único que le importa es salir pronto para ver su partido de baseball aunque lo que estén decidiendo es si un hombre es condenado o no a la silla eléctrica.

No entraré en los pormenores de la “Ley Americana” ya que tengo entendido que esta película es todo un ejemplo de lo que un jurado no debe y no puede hacer. Pero eso realmente me da igual, hay que recordar que no se trata de una clase de ciencias jurídicas sino una película clásica.

Sin embargo sí que debo admitir que se busca claramente influir en la opinión inicial del espectador. El acusado es el prototipo perfecto para causar pena. Un hombre de color, pobre y maltratado por su padre. Esto ya lleva a que de forma inconsciente no estés de acuerdo con la condena a muerte y veas con agrado como los miembros del jurado van cambiando poco a poco de parecer.

En realidad se ve como “malos” a los miembros del jurado que consideran culpable al acusado, y no al acusado en sí. La visión, nunca mejor dicho, de la película sería muy diferente, si el acusado fuera un tipo de baja catadura y con tatuajes en el cuerpo, aunque el desconocimiento de su culpabilidad o inocencia sea exactamente la misma para el público.

Pero bueno, todo esto no quita que ésta cinta sea un clásico de visionado obligatorio y una quasi-obra maestra si se compara con muchas de las bazofias actuales. Y para muestra, los más de 50 años que lleva sin caer en el olvido.

Poco más de hora y media de tensión asfixiante en una habitación, con primeros planos muy típicos del momento, una banda sonora que no destaca especialmente y unas actuaciones muy lejos de ser malas.

Como ya he dicho antes, de visionado obligatorio.

lunes, 13 de febrero de 2012

Harry Potter and The Goblet of Fire

Seguimos con la misma tónica que caracterizó a la entrega precedente. Esta vez no es Cuarón sino Mike Newell quien intentando copiar el estilo del primero, o tal vez de pura coincidencia, nos presenta un Harry Potter and The Globlet of Fire que deja un sabor agridulce.

Digo agridulce porque una vez más tenemos ante nosotros un producto que sin duda desató la ira de todos aquellos fans de la cuarta novela, que no pueden ni entenderán jamás, que es imposible condensar en una película, más 700 páginas de texto impreso sin que ésta tenga una duración de dos semanas.

Al igual que hizo Cuarón en la tercera película, Newell también deja paso libre a su imaginación dejando muchísimas escenas poco explicadas, inconclusas o simplemente y aún pero, se las inventa.

Como producto televisivo, dejando a un lado que se trata de Harry Potter, es bueno. Gran puesta en escena, y unos efectos especiales que, cómo no, son el plato fuerte del filme y la película en sí es bastante entretenida. ¡OJO SPOILERS!

Como ha venido ocurriendo hasta ahora, en ésta cuarta película también tenemos nuevos personajes, algunos destacables y otros no tanto. Impresionantes Brendan Gleeson (Pr. Mad Eye Moody) y Ralph Phienes (Voldemort). Robert Pattinson (C. Diggory), demasiado preocupado por hacer alucinar a las jovencitas en su papel de vampiro gusiluz, no da para mucho.

Si en algo ha patinado por completo Newell es en el enfoque que da del Pr. Dumbledore. El personaje literario se muestra como calmado, frio, comprensivo, sabio, el mago más grande del mundo, al único que Voldemort teme. Sin embargo Newell nos presenta poco menos que un mago incompetente, que pierde los nervios con facilidad y el cual tarda más que los propios espectadores en llegar a determinadas conclusiones.

Los protagonistas principales, el trío ya no tan niño, van ganando madurez y los personajes comienzan a tomar una mejor forma, sobre todo R. Grint que deja de ser el tonto de turno para presentar un Ron Weasley más adulto, serio y mordaz. Sin embargo la tendencia de E. Watson a sobreactuar o mejor dicho a enfatizar cada una de sus frases acaba siendo cansino en muchas ocasiones. Raddcliffe también muestra una más convincente puesta en escena de su personaje, transmitiendo el miedo, la ira y las emociones a las que es sometido en su cuarto año en la escuela.

Las lagunas argumentales son enormes hasta el punto de que desde casi el primer minuto de película uno comienza a perderse. Para alguien que no haya leído recientemente el libro, los primeros 20-30 minutos de metraje no son sino un conjunto de imágenes sueltas imposibles de combinar.

Con todo lo que se han dejado en el tintero, yo no me podía imaginar en aquella época cómo iban a continuar la saga. Tenía dos ideas: O bien en la quinta entrega nos metían todo lo que faltaba a rebuño o lo omitían dando por supuesto que “todo el mundo se ha leído el libro” y por tanto no hay porqué explicar nada. Fue lo segundo.

En fin, poco más puedo decir. Ah si, me olvidaba. Un aspecto muy importante a destacar es que ésta película ya no es para todos los públicos. Los niños que comenzaron leyendo las novelas y viendo las películas a los 9 ó 10 años, ya son algo más mayorcitos. Pero ante todo, que muchos padres se quiten de la cabeza esa idea de que Harry Potter “es para niños” así que me llevo a mi hijo de 6 años y a mi sobrina de 7 al cine y los tengo callados un rato.

Apta para pasar una buena tarde entretenida, con palomitas.

lunes, 6 de febrero de 2012

The Artist

Después de años y años maldiciendo la nueva industria cinematográfica uno ya llega a perder la esperanza de volver a encontrarse con un toque de originalidad, con algo más que no sea una mera adaptación de algo ya existente.

Nos hemos pasado al menos la última década viendo cómo, faltos de toda imaginación, los directores de Hollywood echaban mano de comics y novelas para tener algo que llevarse a la pantalla, eso sí todo bien envuelto en papel digital y con un lacito del maldito 3D.

Sin embargo una pequeña, o mejor dicho, una enorme luz brilla por fin en el horizonte. Y esa luz es The Artist.

Esta película, además de ser un homenaje en toda regla a lo que fueron los comienzos de una gran industria es también una clara defensa de la imagen frente a las palabras haciendo honor a “una imagen vale más que mil palabras”.

Los dos protagonistas son simplemente magistrales, espectaculares, soberbios. Un poco conocido, al menos para mí, Jean Dujardin dando vida a una estrella de cine mudo (George Valentin) y Bérénice Bejo interpretando a una futura estrella del cine (Peppy Miller).

El primero irradia simpatía con su siempre presente sonrisa y mirada penetrante. Qué maestría transmitir tantas emociones al gran público sin mediar una sola palabra. Desafío yo a trabajar en ésta película a cualquiera de esos actorcillos de pacotilla que hacen una película en su vida e incomprensiblemente la decadente academia de los oscars les da una estatuilla. No darían la talla.

La segunda no destaca menos. También detrás de una sonrisa, se presenta nuestro personaje femenino, el cual desde un principio se compenetra perfectamente con el primero, en una fantástica mezcla de simpatía, ternura e incluso humor en determinados momentos.

Ah!! No me puedo olvidar de Uggie. Un perrito que sin dar más detalles estoy seguro que hará que la gente se emocione con él. Lo digo por propia experiencia.

Como se trata de una cinta muda, evidentemente no podía faltar una grandísima banda sonora que en este caso viene de la mano de Ludovic Bource. Es simplemente magnífica y no aburre en ningún momento acompañando cada escena de forma perfecta.

La fotografía es, para un amante del blanco y negro, simplemente perfecta. Combinando según el momento lo requiera la luminosidad, la penumbra, en ocasiones elegante, en otras más sencilla, pero siempre acorde con la época que representa.

Pero si hay algo que realmente me ha emocionado de ésta película es que por fin un director ha conseguido devolverme la ilusión, aquella ilusión que tiempo ha había perdido. El Cine vuelve a resucitar y lo hace a lo grande.

No tengo dudas y desde mi humilde punto de vista no puedo menos que calificar éste filme como una OBRA MAESTRA.

jueves, 2 de febrero de 2012

Uno, dos, tres

Desde luego hacía mucho tiempo que no me reía tanto con una película, y eso es algo de agradecer. Pueden haber pasado muchos años desde que se estrenó esta película, pero sin embargo, esta gran comedia de Billy Wilder no se ha quedado para nada obsoleta.

En una época en la que capitalistas y comunistas luchaban por el control del mundo, Uno, Dos, Tres, brinda una visión caricaturesca de un conflicto que se alargó hasta principios de los 90. Ojo SPOILERS.

Ya desde el comienzo, el ritmo de la película es frenético. Apenas has tenido tiempo de asimilar una situación tan caricaturesca como absurda, y ya te has perdido unas cuantas más.

Al principio todo parece indicar que la película en sí no es más que una burla del sistema comunista y también una burla del autoritarismo y la disciplina que reinaron en la Alemania Nazi y que aun está muy presente en los ciudadanos Alemanes de aquella época.

Sin embargo a medida que avanza la película, uno se da cuenta que no existen realmente tintes políticos sino que la intención del filme es que el espectador ría a carcajadas sin importar a quien se ridiculiza.

Los americanos son pintados como unos capitalistas estúpidos que se piensan que pueden controlar el mundo sólo con venderles botellas de CocaCola, y los comunistas se muestran como auténticos idiotas cuyas convicciones políticas son indirectamente proporcionales a la cantidad de dinero con la que se les soborne.

Las actuaciones son espectaculares. James Cagney (MacNamara) es sublime en su papel de Director ejecutivo en la fábrica de Coca Cola en Berlín Oeste. Hann Lothar (Schlemmer) es impresionante en su papel de ayudante del director, en una interpretación sin igual de un reprimido y adorable ex-nazi, que intenta por todos los medios ocultar su pasado pero a quien sus costumbres y su educación traicionan.

Como ya he dicho antes, comienza con un ritmo muy alto que a medida que avanza la película va creciendo más y más. La música se acelera, el reloj de cuco con su himno cada vez suena más veces y las órdenes del director aumentan de número y de volumen.

Los últimos 15 minutos de la película son tan espectaculares tanto por su sincronía como por su perfección que casi me atrevería a decir que están rodados en un plano continuo sin cortes.


En resumen, una grandísima película que Uno: te hará pasar un rato buenísimo y divertido, Dos: no defrauda ni por estética ni por escenarios aun que se vean antiguos y Tres: recomiendo encarecidamente a todos aquellos amantes de una gran comedia de cine clásico.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Harry Potter and the Prisoner of Azkaban

Después de tanto colorido y aventuras basadas en finales felices, en el año 2004 llegaba a la gran pantalla la tercera entrega de la económicamente provechosa saga del mago de gafas redondas.

Esta vez dejamos a un lado las clásicas aventuras colegiales y nos adentramos en un mundo algo más tétrico, tenebroso e intrigante. Chris Columbus nos presentó sus dos primeras entregas dejando claro que lo suyo era el colorido. Para poder mostrar el ambiente sombrío de Harry Potter and the Pisoner of Azkaban era necesaria otra persona al mando.

Alfonso Cuarón quedó encargado de dar vida a la tercera novela de la saga que deja a un lado el infantilismo y la cierta inocencia que acompaña a las entregas precedentes, sin olvidar del todo que los protagonistas aún siguen siendo adolescentes y no adultos.

Está muy claro ya desde el principio que la intención de Cuarón es mostrarnos un mundo mucho más oscuro y tenebroso que en las entregas precedentes, y es por eso que la niebla, las sombras y sobre todo la lluvia están presentes en muchísimos momentos del metraje.

Uno de los platos fuertes de ésta nueva entrega es la incorporación de nuevas caras al elenco de actores. El sublime Gary Oldman (Sirius Black), Emma Thompson (Pr. Trelawney), Timothy Spall (Peter Pettigrew) y David Thewlis (Pr. Lupin). El que no destaca excesivamente es Michael Gambon que sustituye al recientemente fallecido Richard Harris (Pr. Dumbledore). Y si bien en futuras entregas irá ganando fuerza, en éste film no pone toda la carne en el asador.

La fotografía es fantástica y cuidadosamente planificada para cada escena. Nada queda al azar. Sin embargo siempre que veo esta película me queda un sabor agridulce. ¿Por qué? Porque ésta entrega es sin duda una gran desilusión para los fans de los libros. A pesar de que el tercer libro es el más delgadito de todos, es uno de los que más aspectos relevantes contiene en relación a la trama futura.

Estoy de acuerdo en que la película no tiene porqué ser un calco de la novela, nunca he dicho eso. Pero lo que no se puede hacer es obviar aspectos claves para sustituirlos por tonterías que no aportan valor. Desde luego una cosa está clara, si no has leído el libro, es prácticamente imposible que puedas seguir la historia ya que se omiten o se sobrevuelan los temas centrales quedando muy lejos de mostrar la importancia que realmente tienen. ¡OJO SPOILERS!.

En ningún momento se explica o se deja entrever porqué Snape odia a Harry, a Lupin, a Black y a James Potter. Tampoco queda claro quiénes son Wormtail, Prongs, Moony y Padfoot, ni quien crea el Marauders Map, ni porqué Sirius Black es un Animagus. Así a primera vista pueden parecer tonterías, pero su importancia para entender la historia es muy significativa.

Una de cal y una de arena en este caso. Un cierto caos de guión camuflado bajo un rodaje brillante y una puesta en escena magistral. Mantengo mi opinión favorable respecto a este filme. La verdadera historia acaba de comenzar y en aquel entonces aún nos quedaban cinco películas más por degustar.

Expecto Patronum!!