domingo, 25 de octubre de 2009

La Muerte tenía un Precio

Hacia mitad de los años 60, el western ya se encontraba de capa caída. Las mejores obras de la historia ya se habían filmado dejando legados impresionantes como La diligencia o Centauros del desierto.

Sin embargo, cuando ya parecía que nunca más se vería a un individuo subido en un caballo y con sombrero, aparece Sergio Leone que 1964 rueda en España, Por un puñado de dólares, comenzando de esta manera la denominada trilogía del dólar, que sin saberlo pasaría a la historia.

Había pensado en hacer una reseña de las tres cintas de Leone en un solo artículo pero al final he pensado hacer una crítica para cada una de ellas. La verdad es que me ha costado decidirme por cual empezar, y al final he pensado hacerlo por la que más me gusta.

Quizás sea la fuerza de la música del gran maestro Ennio Morricone o tal vez la magnífica combinación Eastwood & Van Cleef. La cuestión es que La Muerte tenía un Precio se ha convertido desde hace ya muchos años en uno de mis westerns favoritos.

Sólo por el hecho de que se llamen Spaghetti Westerns, ha hecho que mucha gente crea que son películas de mala calidad, producidas y dirigidas por inexpertos directores que se lanzaban al mundo del cine sin saber lo que hacían. Nada más lejos de la realidad. El nombre viene derivado del origen de su director y del capital utilizado para financiar las películas.

Al igual que su predecesora, Por un puñado de dólares, de la cual ya hablaré en otra ocasión, esta segunda entrega de la trilogía del dólar tiene todos los ingredientes de la “fórmula Leone” para ser un rotundo éxito. La ironía de Eastwood, primeros planos de cara y ojos, miradas penetrantes, y la fabulosa música de Ennio Morricone.

Sergio Leone nos presenta una nueva forma de western que rompe con los clásicos de los años 40 y 50. Aquí no hay buenos elegantes que se enamoran de la chica guapa. Aquí sólo hay hombres feos, sin afeitar, sucios y que sólo les interesan dos cosas, los dólares y las pistolas, y por supuesto no les preocupa en absoluto matar.

En lo que va de artículo he mencionado varias veces la música de Ennio Morricone, y es que es simplemente legendaria. ¿Quién no la ha escuchado alguna vez?, ¿Quien no la ha silbado? Hasta la he escuchado en los tonos de móvil por la calle, aunque estoy seguro de que la mitad de la gente se cree que esa música es original de la película Kill Bill.

Pues bien, es precisamente esta música la que enaltece alguna de las escenas míticas, pasando por los títulos de crédito del principio de la película, el duelo final o por los títulos de crédito finales.

Los protagonistas aportan personalidad propia a la cinta. Eastwood es el Manco, el hombre sin nombre, ese pistolero tranquilo que no se inmuta por nada, siempre bajo su poncho y con su purito a medio fumar. Van Cleef es el “inteligente”, el frio y el calculador. El hombre mayor que aporta sabiduría y sentido común al joven Eastwood. Pero no podemos olvidar al villano por excelencia, Gian Maria Volonté, el Indio. Un malo perfecto, rudo, cruel, asesino sin piedad al que sólo le importa el dinero.

Criticada hasta la saciedad por los más puristas del western que todavía están anclados en la era John Ford y admirada hasta convertirla en peli de culto del western por otros, La Muerte tenia un precio se ha convertido en la pieza clave que hace de nexo de unión entre las otras dos entregas de la trilogía del dólar.

No voy a intentar convencer a nadie. Aquellos que admiráis un buen western, estoy seguro que ya habréis disfrutado de esta entrega, y para los que el western no les atrae demasiado, sólo os propongo que os sentéis delante de la pantalla y le deis una oportunidad a este filme. No os arrepentiréis.

Hasta otra!!

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