Antes de comenzar me gustaría dejar claro que yo me considero un gran admirador de la saga Star Wars y que al igual que muchos fans de dicha colección, no me canso de ver cualquiera de sus entregas una y otra vez. No obstante, voy a intentar escribir éstas reseñas de una forma objetiva y desde un punto de vista meramente cinematográfico, intentando dejar a un lado los gustos personales.
Pues bien, hoy comenzamos con La amenaza Fantasma, la primera (o la cuarta, según se mire) entrega de la colección de George Lucas. En esta cinta, Lucas retoma la dirección de una historia de hace más de 30 años y al igual que ocurre en infinidad de producciones, volvemos a caer en el ya demasiado utilizado “Star Wars begins”, aunque en este caso no sea parte del título.
El propósito inicial es presentarnos personajes, mundos y conceptos que aparecen o se mencionan en los episodios IV, V y VI (de los cuales ya hablaremos) y que realmente no quedan demasiado claros. Se nos presenta la Orden Jedi y su funcionamiento, el Consejo Jedi, el Senado, se explica el uso de la Fuerza y cómo algunas personas son susceptibles de ser más poderosas que otras.
La historia gira en torno al que en las últimas entregas pasa a ser el personaje por excelencia, Darth Vader, encarnado en este caso por un niño de 8 años llamado Anakin Skywalker. Su procedencia casi milagrosa o mesiánica “concebido por los midiclorianos”, resulta un poco fuera de lugar ya que este término no aparece para nada en las precuelas.
Lo más curioso es que después de dos décadas esperando la nueva trilogía, cuando La Amenaza Fantasma fue estrenada en 1999, las críticas comenzaron a llover incluso de boca de los más fanáticos. Algunos aspectos que deberían haber creado un poco de suspense e intriga son demasiado evidentes hasta para los menos interesados por la historia. Hasta el más despistado se daría cuenta que Palpatine y Darth Sidious son la misma persona. Otro aspecto que también recibió múltiples críticas de los más puritanos (creo que se pasan de la raya) fue el porqué Anakin es al final aceptado como aprendiz Jedi cuando todos en el Consejo ven que hay algo “raro” en el.
La cinta, está cargada en exceso de efectos especiales que camuflan en todo momento diálogos simples y absurdos, así como otros excesivamente filosóficos y cargantes. La historia es demasiado enrevesada, con demasiados matices políticos que hacen que el espectador no avezado en la jerga galáctica se pierda. El interés de Lucas en mostrar de lo que es capaz a nivel digital y de efectos especiales deriva en un descuido total de los personajes, que resultan vacios y menos realistas que los de las primeras entregas. Incluso el tan experimentado Liam Neeson como Qui Gon Jin está lejos de su mejor interpretación.
Sin embargo, también hay algunos elementos ingeniosos en la película. La música del gran John Williams es excelente como siempre, la carrera de vainas si no fuera por su insufrible duración tiene su gracia, el vestuario masculino no está mal, pero tal vez un “poquito” recargado en el caso de Padme que en ocasiones parece una Fallera Valenciana.
La escena que hace que la película no se caiga por sí sola es el combate final entre los dos Jedis y el Sith Lord Darth Maul que es fantástica, con una coreografía muy bien ensayada y un fondo musical que le da la fuerza necesaria.
Una historia demasiado forzada, floja y que si bien no llega a aburrir en ningún momento (aunque la carrera de vainas casi lo consigue) está lejos de ser lo que los fans de esta saga esperaban. Un 10 en efectos especiales y un suspenso en guión y dirección, como ya viene siendo típico en las últimas grandes producciones.
Hasta la siguiente entrega…..¡Que la Fuerza os acompañe!

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