martes, 25 de octubre de 2011

Letters from Iwo Jima

Después de aburrirme solemnemente con la “versión americana”, Flags of our fathers, ésta otra visión distinta y fuera de lo habitual que Letters from Iwo Jima ofrece, acabó por cautivarme.

La composición es simple. Es la historia de dos personajes que aparentemente no tienen nada que ver el uno con el otro pero que a medida que se desarrolla la historia, el guión los irá acercando poco a poco.

Por un lado tenemos a Saigo (Kazunari Ninomiya) un recluta joven, que es un panadero de profesión que como tantos otros lo último que desea es estar en el infierno de Iwo Jima. Por otro lado el General Kuribayashi (Ken Watanabe) es un elegante y rígido militar. Un gran estratega al cual le han encolomado la defensa de la isla de Iwo Jima aunque han olvidado contarle algunos pequeños detalles sin importancia, tales como que nadie va a acudir en su ayuda.

A diferencia de otros filmes de guerra en los que se trata de demostrar quién eran los malos y quien los buenos, en este caso, la película aborda temas un poco menos superficiales, como el honor, el sacrificio y el sentido del deber llevado al extremo más absurdo que convierten al ser humano en un simple objeto en manos de poderosos sin escrúpulos, conciencia ni moral.

Uno de los aspectos de ésta entrega que más impacto me causó, no son las escenas de violencia en combate. Sino aquellas en las que se presenta un sistema totalitario y caduco como el del Imperio del Sol Naciente en el cual, la vida de un simple ciudadano no valía nada, y esperaban que no sólo estuvieras dispuesto a sacrificar tu vida, sino que además esperaban que lo aceptaras con alegría porque “era un honor”.

Es curioso, o al menos a mí me lo pareció, ver que un Republicano convencido como Clint Eastwood se permitía criticar el siempre intocable y casi divino ejército americano en Flags of our Fathers, y en éste caso mostraba a los Japoneses con un lado humano, del cual están totalmente desprovistos en cualquier otra producción bélica que hayamos visto. En otras palabras, en ésta cinta no caemos en el clásico “todos los nazis y japoneses son malos” y “todos los americanos son buenos”.

El punto más acertado es sin duda que hecho de que la película se rodara íntegramente en japonés. De esta manera, la credibilidad, la autenticidad y el realismo es totalmente inquebrantable. A muchos no acostumbrados a ver las películas en VO, esto les molesta mucho porque es más cómodo oírlo en tu propio idioma sin duda.

También destaca de forma muy positiva la fotografía, con un tono tirando al gris verdoso que en algunos momentos te da la sensación de que la cinta sea en blanco y negro.

Escenas muy duras acompasadas por una música extraordinaria, hacen que el espectador sienta en su piel el horror de aquellos 20.000 japoneses, que únicamente podían elegir dos opciones, y ninguna de ellas te permitía vivir.

El principal punto negativo de éste producto es que en no pocas ocasiones cae en el aburrimiento. Hay diálogos demasiado largos y tal vez incluso filosóficos, o escenas de flash back no necesarias que rompen el ritmo, sobre todo considerando que se trata de una película con una duración muy respetable.

En definitiva una gran película en términos generales y una gran recomendación. Eso sí, no es apta para almas demasiado sensibles.

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