domingo, 9 de octubre de 2011

El discurso del rey

No sé cuantas veces habré dicho que desde hace más de una década el mundo del Cine carece de originalidad y de ideas y que para cuando aparece una buena sugerencia, hay veinte horribles. Pues bien, esta es una de esas ocasiones en la que tenemos la excepción que confirma la regla como se suele decir.

El Discurso del Rey nos presenta una idea que en aquella época, los años 30, era prácticamente impensable. Las personas de sangre real también sufrían de miedos y complejos, sí, no eran super hombres que eran felices únicamente por estar podridos de dinero.

Colin Firth de una manera magistral da vida a quien años después sería el Rey Jorge VI de Inglaterra. Aquejado de tartamudez y acomplejado por su incapacidad de hablar en público, “Berti” entabla una relación que al final será de gran amistad con un logopeda australiano (Geoffry Rush) sin títulos ni acreditaciones y con unos métodos un tanto curiosos, que aportan el contrapunto cómico y a la vez sentimental a la película.

Como he dicho antes, en una época en la que a un miembro de la realeza era considerado casi como una divinidad, el trato cercano, quasi-descarado del logopeda con quien después pasará a ser Rey de Inglaterra, es un aspecto muy bien tratado en el filme y que da ese toque humano a la relación entre médico y paciente.

También quisiera destacar la ambientación. Juegos de luces y sombras, colores tristes y grises en un Londres con esa neblina que le caracteriza, en un ambiente de tensión e incertidumbre en el preludio de la II Guerra Mundial. También destaca una magnífica fotografía y una gran banda sonora que acompaña de forma magistral cada una de las escenas de la película.

Por el reparto aparecen una serie de actores de talla sacados de la saga de Harry Potter como Michael Gambon y Helena Bohan Carter que aportan su granito de arena, aunque el 98% del peso de la película recae sobre los dos protagonistas.

Quizás uno de los aspectos más logrados de éste filme es conseguir humanizar la figura de un Rey, ya que nunca he considerado la familia Real Británica (ni a ninguna otra) cercana al pueblo aunque los británicos los adoren mientras ellos se forran a su costa.

Si hemos de sacar algún punto negativo a esta entrega es un previsibilidad como suele ocurrir en la mayor parte de producciones que están basadas en hechos reales. Pero aunque esto ocurra, al menos desde mi punto de vista, en ningún esta previsibilidad hace caer en el aburrimiento.

Una gran propuesta y un soplo de aire fresco para la cansada industria del cine actual. Muy recomendada para todos aquellos que piensan que los Reyes tienen sangre azul.

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