jueves, 11 de noviembre de 2010

Inteligencia Artificial

Es muy curioso que esta entrega surgiera de la “colaboración” entre dos directores que se parecen como un huevo a una castaña como son Stanley Kubrick y Steven Spielberg. No queda claro si la empezaron juntos o uno acabó lo que empezó el otro. Sobre esto hay bastante controversia.

Lo que sí queda claro es que el producto final es claramente Spielbergiano y sólo le falta tener a Tom Cruise de protagonista.

Inteligencia Artificial puede estar camuflada sobre una atmósfera oscura e incluso tenebrosa que podría apuntar a Kubrick, pero al final, no deja de ser un cuento. Concretamente el de Pinocho, el muñeco de madera que quería ser un niño de verdad.

He escuchado hasta la saciedad opiniones de algunos que dicen que ésta cinta, es una copia de Blade Runner. Yo me pregunto si ésta gente ha visto cualquiera de las dos películas, porque lo más parecido que tienen es que los coches vuelan y que los robots son “malos”.

La historia gira en torno a David, un niño Robot que tiene la capacidad de sentir y que para ganarse el afecto de su madre quiere buscar al Hada Azul para que le convierta en un niño de verdad.

Aquí Gepetto es sustituido por una gran industria que fabrica Robots avanzados con Inteligencia Artificial (de ahí el título), Pepito Grillo es un osito de peluche parlante y el Hada Azul es un holograma que funciona con monedas. Pero a pesar de estas sutilezas, que alguien me diga que esto no es el cuento de Pinocho.

No obstante, el hecho de ser un cuento, no convierte a esta película en un producto infantil. Aquí la historia no es “y fueron felices y comieron perdices”. Todos los cuentos infantiles tienen su enseñanza positiva y su final feliz. En este caso, David descubre que su sueño es imposible. No sólo no podrá ser un niño de verdad, sino que además descubre que es un producto fabricado en serie.

La película trata otros temas de forma solapada, como el racismo y la intolerancia, que en éste caso recae sobre los robots, que son tratados como ciudadanos de tercera y aniquilados sistemáticamente en unas vistosas ferias.

El final que muchos tachan de infantil y sentimental por “culpa de Spielberg” (algunos dicen que es de Kubrick), a mi me parece muy bueno. A falta de poder dar un final feliz al cuento, se crea una atmósfera onírica en la que David consigue su cometido, aunque sólo sea por unos instantes. Pero es en esta parte en la que el espectador no pueda evitar soltar alguna lagrimilla.

A mí la película me gustó. Nunca me ha disgustado una historia de ficción. No obstante sí que hay que decir que éste film a ratos se hace bastante largo e incluso pesado. Estoy seguro que no es “lluvia a gusto de todos”, y por eso invito a todos aquellos que no la hayan visto, a sentarse y a opinar por ellos mismos.

Apta para todos aquellos que alguna vez han tenido un osito de peluche parlante.

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