Últimamente ya he dicho varias veces que me da la sensación de que o bien no tengo ningún criterio cinematográfico o bien me gusta llevar la contraria. La cuestión es que, las críticas negativas llovieron a cantaros sobre esta entrega de nuestro investigador Inglés favorito.
Sin embargo, cuál no sería mi sorpresa que cuando me senté en el sofá a ver Sherlock Holmes, no sólo no me disgustó, sino que me entretuvo y me pareció una gran película. Una gran lástima haberla visto con más de un año de retraso.
En primer lugar hay que comenzar diciendo que esta cinta nos muestra unos personajes bien distintos a los narrados en los textos de Sir A. Conan Doyle. Watson (Jude Law) y Holmes (Downey Jr.) son mucho más audaces y podríamos decir, beligerantes. Aun así, ver a la pareja repartir palos es algo que no desentona y queda muy bien. Un “toque” original se podría decir.
Las deducciones de Sherlock Holmes, cómo no, dichas a toda velocidad y con un admirable acento británico, sin duda asombran al espectador exactamente igual que lo hacen los relatos de Doyle. Un diez en este punto. El personaje que más varía en relación a los libros es Watson. Se acabó el sumiso, obediente y en ocasiones atontado Watson. El que la película nos presenta es casi tan inteligente como su compañero y sin duda con una fuerte personalidad e iniciativa.
Los más puristas pondrán el grito en el cielo ante estas “transformaciones”. Yo he leído muchos relatos, podría decir que casi todos, de Sherlock Holmes y no me siento “insultado” por esta visión algo innovadora del investigador, al igual que tampoco me sentí defraudado por la versión moderna de Sherlock producida por la BBC. Así que todos aquellos que no seáis capaces de aguantar el más mínimo cambio, mejor ni os preocupéis de encender la tele.
El resto de personajes, Lestrade, Mary o Irene Adler ponen su granito de arena pero tampoco dan para mucho. El fallo principal corre a manos de nuestro villano. Lord Blackwood (Mark Strong) no es un “malo” a la altura de Holmes. Comienza fuerte pero su personaje va perdiendo fuerza a medida que avanza el filme, hasta acabar de una forma un tanto simple y cutre.
La puesta en escena es fantástica. El Londres Victoriano con sus calles oscuras y lóbregas y esa neblina que tantas películas ha inspirado, todo ello acompañado por una magnífica música de Hans Zimmer.
En definitiva, una película muy entretenida que deja con ganas de más. Aún no he tenido ocasión de verla, pero no creo que tarde mucho en visionar Game of Shadows, la segunda parte de ésta franquicia. Ya os comentaré.
Hasta la próxima.
Sin embargo, cuál no sería mi sorpresa que cuando me senté en el sofá a ver Sherlock Holmes, no sólo no me disgustó, sino que me entretuvo y me pareció una gran película. Una gran lástima haberla visto con más de un año de retraso.En primer lugar hay que comenzar diciendo que esta cinta nos muestra unos personajes bien distintos a los narrados en los textos de Sir A. Conan Doyle. Watson (Jude Law) y Holmes (Downey Jr.) son mucho más audaces y podríamos decir, beligerantes. Aun así, ver a la pareja repartir palos es algo que no desentona y queda muy bien. Un “toque” original se podría decir.
Las deducciones de Sherlock Holmes, cómo no, dichas a toda velocidad y con un admirable acento británico, sin duda asombran al espectador exactamente igual que lo hacen los relatos de Doyle. Un diez en este punto. El personaje que más varía en relación a los libros es Watson. Se acabó el sumiso, obediente y en ocasiones atontado Watson. El que la película nos presenta es casi tan inteligente como su compañero y sin duda con una fuerte personalidad e iniciativa.
Los más puristas pondrán el grito en el cielo ante estas “transformaciones”. Yo he leído muchos relatos, podría decir que casi todos, de Sherlock Holmes y no me siento “insultado” por esta visión algo innovadora del investigador, al igual que tampoco me sentí defraudado por la versión moderna de Sherlock producida por la BBC. Así que todos aquellos que no seáis capaces de aguantar el más mínimo cambio, mejor ni os preocupéis de encender la tele.
El resto de personajes, Lestrade, Mary o Irene Adler ponen su granito de arena pero tampoco dan para mucho. El fallo principal corre a manos de nuestro villano. Lord Blackwood (Mark Strong) no es un “malo” a la altura de Holmes. Comienza fuerte pero su personaje va perdiendo fuerza a medida que avanza el filme, hasta acabar de una forma un tanto simple y cutre.
La puesta en escena es fantástica. El Londres Victoriano con sus calles oscuras y lóbregas y esa neblina que tantas películas ha inspirado, todo ello acompañado por una magnífica música de Hans Zimmer.
En definitiva, una película muy entretenida que deja con ganas de más. Aún no he tenido ocasión de verla, pero no creo que tarde mucho en visionar Game of Shadows, la segunda parte de ésta franquicia. Ya os comentaré.
Hasta la próxima.

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