Bueno, la verdad es que cada vez estoy más y más convencido de que la nueva industria cinematográfica de Hollywood tiene un serio problema. Un serio problemas que cada vez va a peor en lugar de mejorar.
¿Qué ocurre con las sagas?, ¿ya no sabemos crearlas?, algunas de ellas fracasan antes casi de comenzar (Eragon, Brújula dorada), y otras, a medida que las van haciendo la van cagando más y más, echando a perder lo que en su momento fue una buena película.
A falta de originalidad, los nuevos directores y productores, echan mano de míticas películas para intentar sacar unos cuantos dólares con insufribles secuelas desprovistas de originalidad, que mancillan la entrega original. Hay innumerables ejemplos de esto.
Hoy he visto Terminator Salvation, la cuarta entrega de una colección realizada a trompicones a lo largo de más de 20 años. Cuando James Cameron hizo Terminator, nadie se imaginaba, ni tan siquiera él, que iba a ser el comienzo de una saga. O eso pensaba yo hasta que apareció una segunda parte, incluso una tercera, que para mi sorpresa, llegó a entretenerme (que no gustarme) a pesar de que fui al cine con mucho recelo.
Esta nueva entrega, se parece más a Black Hawk Dawn o Apocalypse Now que a lo que yo recordaba de Terminator. Acción, acción y más acción, que si bien es el punto fuerte de la película, también es su gran defecto ya que tanta explosión y tantos disparos, hacen que el espectador se pierda el desarrollo de los personajes y también la historia.
Tras un comienzo prometedor en el que se gastan de golpe 200 millones de dólares del presupuesto, los minutos pasan y la emoción inicial comienza a decaer, y la historia va perdiendo credibilidad a medida que incrementa el sopor y se acaban las palomitas. A Christian Bale creo que le queda mejor su traje de Caballero Oscuro, aunque en esta entrega no le hace falta, ya que para puñetazos de los Terminator como si nada, sin romperse un solo hueso. Un poquito inverosímil la verdad.
Tenemos ante nosotros una secuela indigna de continuar la saga (dicen que hay dos películas más en camino), con actuaciones de segundo plano tan mediocres, que si eliminas algún actor de la cinta, ni se notaría. Christian Bale y Sam Worthington cumplen con su cometido pero eso es todo. Hacia el final de la cinta, comienzan a aparecer una gran cantidad de guiños a las anteriores entregas, que realmente no vienen a cuento de nada. Hasta un simplón “I’ll be back” de Bale totalmente prescindible y sin la gracia de Swarchenegger.
En conclusión, dos horas de metraje saltando de escena a escena, en ocasiones sin ningún pretexto. Nada de nueva información y un final en el que te da la sensación de que realmente no ha pasado nada. Demasiado dinero gastado en efectos digitales para una historia que no lo merece.
Apta para una tarde de domingo en la que no tienes nada mejor que hacer.

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