Puede parecer que los nazis o en éste caso Hitler, ya son un tema aburrido y trasnochado para una película. Las películas sobre nazis se cuentan por cientos. No obstante, ninguna hasta el año 2003, había tratado ésta parte tan enigmática de la vida del dictador.
Después de la capitulación de Alemania en la Primera Guerra Mundial, Hitler se presenta como un patriota nacionalista fanático que aprovechando la situación precaria de Alemania, se va abriendo paso entre una muchedumbre ávida de un líder fuerte y sin escrúpulos.
Alemania sumida en la miseria pero siempre orgullosa, imperial y combativa ve en Hitler una carga de adrenalina que contrarrestaba la miserable situación real del país en la década de los años 20.
La película es brillante en cuanto a la puesta en escena de los sucesos políticos. Los meetings en las cervecerías son alucinantes. No obstante el punto débil viene cuando se abordan los sucesos de la vida personal del dictador. Parece que todo director de cine tiene la obligación moral de combatir a los nazis o a Hitler, pintándolo como un ser demente y tildando a la población alemana de loca e ignorante.
La forma en la que se trata su relación con su sobrina Geri o la forma en que Eva Braun entra en su vida, son terrenos de los que poco o nada se ha escrito y en este caso, los guionistas lo han convertido en un culebrón vespertino dando rienda suelta a su imaginación.

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