Hace tiempo comentaba con un colega que es muy fácil valorar o dar una opinión sobre la saga completa a efectos generales, pero resulta bastante complicado valorar cada entrega en solitario, ya que uno tiene la sensación de estar contradiciéndose a sí mismo. Me refiero al hecho de que la Saga en términos generales es impresionante y maravillosa, pero algunas de las entregas individualmente analizadas, dejan bastante que desear.
Hoy llegamos al Episodio III, el que cierra la última trilogía de Star Wars y que hace de nexo de unión (más o menos) con la antigua trilogía. Los fanáticos de la trilogía clásica, no dudan un segundo en calificar éstas últimas entregas en prácticamente de blasfemia y se han rasgado su túnica de Jedi y se han pasado al lado oscuro al verlas. Para ellos parece que ser un buen fan de La Guerra de las Galaxias, supone odiar a muerte las últimas tres películas. Yo no estoy para nada de acuerdo. De hecho, más bien me parece un razonamiento simplón e infantil, propio del chico Rolling que odia a Los Beatles simplemente porque hay que hacerlo.
Esta cinta, tiene como decía, la responsabilidad de cerrar una historia, desvelando una serie de secretos o poniendo cara y ojos a una serie de acontecimientos que durante más de dos décadas únicamente han estado en la mente y la imaginación de los espectadores.
Como siempre, el principal efecto de choque de la película, como no podía ser de otra manera, son los efectos especiales, en la que posiblemente sea visualmente una de las mejores películas de la historia en lo que a FX se refiere.
El reparto continúa en la línea de sus predecesoras Episodios I y II. Algunos actores como Samuel L. Jackson continúan sin poner interés y resulta un alivio cuando dejan de salir. Christopher Lee continua inexplicablemente infrautilizado y Natalie Portman tampoco brilla por su actuación. Sin embargo McGregor y Christensen hacen un gran papel.
Sé que critiqué el papel de Hayden Christensen en el Episodio II, pero la verdad es que en éste caso, hay que darle su mérito al chaval, que consigue mantener durante toda la película una cara convincente de odio y de conflicto interno. En éste caso sí que me lo pude imaginar con una armadura negra.
La cinta durante su larga duración, nos obsequia con escenas que son memorables y que al menos a mí, me pusieron los pelos de punta. La Orden 66, el combate entre Anakin y Obi Wan, la máscara de Vader, la primera respiración… escenas que encumbran a ésta entrega.
La falla viene por el lado de que en lugar de dejar que ésta entrega se una con el episodio IV de forma natural y pausadamente, Lucas lo intenta hacer con calzador. En lugar de meter pequeños guiños de forma gradual, la película hacia la última parte se convierte en un muestrario de referencias a sus predecesoras clásicas.
Algunos ejemplos son el cambio de estética es radical, pasando de una estética demasiado moderna a demasiado clásica, como los uniformes de la flota imperial, Obi Wan cogiendo el sable de Anakin, los interiores tan blancos de los cruceros de la futura “flota rebelde” (no vistos hasta el momento), la orden de borrado de la memoria interna de C3PO, etc.
No obstante, poniendo en la balanza lo bueno y lo malo, al final el resultado es una película estupenda, y que por mucho que algunos intenten desprestigiarla, pasará a la historia como hace varias décadas lo hicieron sus predecesoras.

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