viernes, 28 de enero de 2011

Sleepy Hollow

Volvemos hoy con otro de los cuentos de Tim Burton. Una vez más, éste director vuelve con su habitual reparto y su atmósfera oscura de árboles retorcidos que tanto le gusta.

En este caso se trata de una adaptación a la gran pantalla del cuento de Washington Irving en el que se presenta la historia del caballero decapitado que al anochecer abandona su tumba para llevar a cabo su sangrienta misión.

Lejos de estar destinada a un público infantil, Sleepy Hollow debe destinarse a un público más adulto al que le guste disfrutar de un cuento intrigante, no falto de confusión entre tanto cuñado, madrastras, herederos y criadas.

Así mismo para aquellos fans de Pesadilla antes de Navidad, en ésta entrega encontraran para su deleite, gran cantidad de referencias como los arboles con caprichosas formas, las calabazas y la niebla, que en todo momento dan la sensación de que quien va a salir entre los árboles es Jack Skeleton.

El papel protagonista de ésta cinta, cómo no, recae sobre Johnny Depp que este caso le toca hacer de agente de la ley, en una mezcla excéntrica entre Jack Sparrow, Ed Wood y Sherlock Holmes. Este actor tiene la capacidad de destacar, asombrar e incluso dar vergüenza ajena, todo ello en una misma película, y siempre con el beneplácito de su director.

La historia es suficientemente intrigante como para mantener al espectador atado a la silla mientras la imaginación vuela por bosques oscuros y tenebrosos y por una aldea temerosa. Tampoco le falta a la película su comedida ración de humor.

Evidentemente no se trata de un peliculón, y el que diga lo contrario miente. Tampoco creo que haya sido una película hecha con grandes pretensiones. Es simplemente un cuento, y como todos los cuentos sigue su estructura basada en los “buenos y los malos” y en que la historia por tétrica y oscura que pueda parecer, acaba teniendo un “final feliz”, eso sí, en un contexto muy Burtiniano.

Muy remendada para todos aquellos que no tengan miedo a los bosques oscuros.

martes, 25 de enero de 2011

Star Wars - The Revenge of the Sith

Hace tiempo comentaba con un colega que es muy fácil valorar o dar una opinión sobre la saga completa a efectos generales, pero resulta bastante complicado valorar cada entrega en solitario, ya que uno tiene la sensación de estar contradiciéndose a sí mismo. Me refiero al hecho de que la Saga en términos generales es impresionante y maravillosa, pero algunas de las entregas individualmente analizadas, dejan bastante que desear.

Hoy llegamos al Episodio III, el que cierra la última trilogía de Star Wars y que hace de nexo de unión (más o menos) con la antigua trilogía. Los fanáticos de la trilogía clásica, no dudan un segundo en calificar éstas últimas entregas en prácticamente de blasfemia y se han rasgado su túnica de Jedi y se han pasado al lado oscuro al verlas.

Para ellos parece que ser un buen fan de La Guerra de las Galaxias, supone odiar a muerte las últimas tres películas. Yo no estoy para nada de acuerdo. De hecho, más bien me parece un razonamiento simplón e infantil, propio del chico Rolling que odia a Los Beatles simplemente porque hay que hacerlo.

Esta cinta, tiene como decía, la responsabilidad de cerrar una historia, desvelando una serie de secretos o poniendo cara y ojos a una serie de acontecimientos que durante más de dos décadas únicamente han estado en la mente y la imaginación de los espectadores.

Como siempre, el principal efecto de choque de la película, como no podía ser de otra manera, son los efectos especiales, en la que posiblemente sea visualmente una de las mejores películas de la historia en lo que a FX se refiere.

El reparto continúa en la línea de sus predecesoras Episodios I y II. Algunos actores como Samuel L. Jackson continúan sin poner interés y resulta un alivio cuando dejan de salir. Christopher Lee continua inexplicablemente infrautilizado y Natalie Portman tampoco brilla por su actuación. Sin embargo McGregor y Christensen hacen un gran papel.

Sé que critiqué el papel de Hayden Christensen en el Episodio II, pero la verdad es que en éste caso, hay que darle su mérito al chaval, que consigue mantener durante toda la película una cara convincente de odio y de conflicto interno. En éste caso sí que me lo pude imaginar con una armadura negra.

La cinta durante su larga duración, nos obsequia con escenas que son memorables y que al menos a mí, me pusieron los pelos de punta. La Orden 66, el combate entre Anakin y Obi Wan, la máscara de Vader, la primera respiración… escenas que encumbran a ésta entrega.

La falla viene por el lado de que en lugar de dejar que ésta entrega se una con el episodio IV de forma natural y pausadamente, Lucas lo intenta hacer con calzador. En lugar de meter pequeños guiños de forma gradual, la película hacia la última parte se convierte en un muestrario de referencias a sus predecesoras clásicas.

Algunos ejemplos son el cambio de estética es radical, pasando de una estética demasiado moderna a demasiado clásica, como los uniformes de la flota imperial, Obi Wan cogiendo el sable de Anakin, los interiores tan blancos de los cruceros de la futura “flota rebelde” (no vistos hasta el momento), la orden de borrado de la memoria interna de C3PO, etc.

No obstante, poniendo en la balanza lo bueno y lo malo, al final el resultado es una película estupenda, y que por mucho que algunos intenten desprestigiarla, pasará a la historia como hace varias décadas lo hicieron sus predecesoras.

miércoles, 19 de enero de 2011

Alien

Antes de comenzar a realizar grandes pifias como la Teniente O’neil, Ridley Scott tuvo sus momentos de lucidez y regaló al mundo un par de grandes obras, alguna de las cuales ya ocupa un lugar en este blog.

Alien es una de ellas y durante años, ésta cinta ha conseguido mantener la cabeza bien alta entre los primeros puestos del cine de terror y ficción si bien tampoco es una idea original.

En realidad se trata de una historia sencilla, la clásica trama claustrofóbica aderezada con algún que otro susto fácil. No obstante, es precisamente la atmósfera “cargada” y oscura del Nostromo lo que induce al espectador a no despegar los ojos de la pantalla y ni siquiera pestañear. Es más, el espectador acaba sintiéndose parte de la tripulación.

El efecto visual conseguido por Scott en la nave es extraordinario. En muchas ocasiones parece que los protagonistas están caminando por una cueva o una instalación vieja deshabitada y laberíntica, en la que en cualquier momento pueden ser víctimas del terror que se ha adueñado de la nave.

Esta es precisamente la situación de tensión que se presenta. Desde el primer momento, el espectador es muy consciente que dentro de la nave hay algo, un “Alien”, una especie de aberración galáctica que se dedica a asesinar cruelmente.

No obstante, durante prácticamente la duración de toda la película, este monstruo no es visible, sino que se trata precisamente de un terror psicológico, que se acrecienta por el hecho de no poder verlo y no saber cuándo se va a presentar. Las pocas apariciones del Alien no pueden ser más magistrales. Son pocas pero suficientes para poder mantener la atmósfera de suspense y terror.

A lo largo de la película, particularmente me gusta la combinación entre banda sonora y silencios, así como respiraciones profundas y ruidos varios de la nave. Todo ello ayuda a que la atmósfera sea más angustiosa si cabe. En mi opinión, es la única entrega de toda la saga, que produce “miedo” al verla.

Así pues, una película que no diré “para todos los públicos”, pero que si recomiendo a todos aquellos que no hayan visto, y que no tengan problemas con algún susto que otro.