Desde que era pequeño recuerdo con mucho cariño cuando por primera vez vi por la tele la película Furia de Titanes que en 1981 apareció de la mano de Desmond Davis. Siempre ha sido una de mis pelis de fantasía / aventuras preferidas junto con Viaje al centro de la tierra y algunas otras películas clásicas.
Como ya he venido comentando en muchas ocasiones, la nueva industria de Hollywood está ya marchita y los directores parecen incapaces de crear nuevas ideas y se limitan a destrozar grandes clásicos con la esperanza de arañar algún que otro dólar con un infame remake. Hacia el mes de Febrero o Marzo de éste año, vi con horror cómo aparecía un cartel en el que se anunciaba Furia de Titanes. “No puede ser” me dije, “ésta no por favor!!”, “no me lo puedo creer”. Fue tal mi cabreo que decidí que jamás la vería. No sería capaz de ver convertida ésta cinta que tanto me gusta, en un folleto comercial listo para destrozar.
Sin embargo, he de admitir que al final me puedo la curiosidad y hace unos días, me senté con una actitud de mente abierta a ver qué había detrás de éste título. Reconozco que mi reacción, más que de indignación fue de completa incredulidad y me dije, “aquí sí que se han cubierto de gloria”.
Voy a intentar enumerar con un cierto orden los continuos despropósitos de ésta mal llamada producción. Obviaremos el detalle del estereotipado grupito de soldados valientes y fieles que siguen a Perseo y también obviaremos que la historia se parece a la original como un huevo a una castaña.
Comenzamos por el protagonista de ésta magnífica historia, Sam Worthington, un actor muy “versátil” que pone la misma cara de tonto enfadado en toda la película. Un Perseus sin sangre, totalmente inexpresivo, del que todo el mundo se ríe y que ridiculiza al original de 1981. Pero no todo son criticas hombre!, el tío también vale lo suyo. Por ejemplo es capaz de aprender a luchar en 15 segundos y sabe (a pesar de que nadie se lo dice) que cortándole la cabeza a Medusa, ésta sigue convirtiendo a la gente en piedra.
El resto de actores no están ni bien ni mal. Con eso quiero decir que realmente no están. Cualquier extra contratado a cambio de un bocata de chorizo y un refresco hubiera servido. Ralph Fiennes se ha involucrado tanto en su papel de Lord Voldemort que en ésta entrega no se molesta ni de cambiar el tono de voz. Parece que en cualquier momento le vamos a oír decir “Avada Kadavra”!!.
No obstante, si algo me horrorizó fue ver cómo se me caía un mito. Alguien me puede explicar en nombre de Dios, cómo en la era del 3D y la tecnología digital ilimitada me pueden poder a Liam Neeson vestido con un traje de papel albal que brilla??? Por favor, que se trata del Dios Zeus no de un anuncio de atún en conserva!! Donde han quedado aquellos tiempos de túnica y espada laser? Ya sólo me faltaría oír que vas a salir en el Equipo A… (me parto).
Yo diría que el único actor que vale la pena es Mads Mikkelsen interpretando a Draco. A pesar de no ser el actor principal, presenta bastante más carisma y su cara es bastante más expresiva que la del protagonista.
En fin, la peli va transcurriendo de forma pautada, tal y como tiene que pasar. Efectos especiales de relleno, planos aéreos de gente caminando (muy de moda últimamente) y algo más de 100 minutos de duración que para el espectador son como 4 ó 5 horas.
Ni si quiera la última y tan esperada escena vale la pena la espera. La “super secuencia”, el tan esperado “Release the Kraken”!!!. Pero qué es esto? Un bicho muy feo, mal hecho (viva la era digital) y más lento que el copón.
En definitiva un pedazo de truño de película en la que se salva un mal llamado guiño al búho metálico de la cinta original, y una Medusa que no está mal del todo. Todo lo demás, 105 minutos de sopor y aburrimiento. Al menos doy gracias a que no me la tuve que ver en 3D.

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