Desde hace muchos años me he considerado un admirador de una buena novela de detectives, sobre todo si el protagonista es Hercule Poirot o Sherlok Holmes. Estas historias me han solido entusiasmar también cuando han sido llevadas a la gran pantalla. Entregas como Muerte en el Nilo, Asesinato en el Orient Express, o 10 Negritos siempre me han parecido soberbias y dignas de pasar a la historia.
No obstante, nunca antes el género detectivesco ha sido tan parodiado y desprestigiado como en la sensacional “Un cadáver a los postres”. Esta cinta es una comedia clásica encarnando el género policiaco de los años 40. ¿Cómo podría describir yo esta película? Comencemos por decir que 5 de los “grandes detectives” de la historia se dan cita en esta parodia. La Señorita Marbles en una interpretación un tanto campechana de la Señorita Marple de A. Christie; Dick y Dora Charston (Nick y Nora Charles de D. Hammett), Sidney Wang (Charlie Chan de Biggers) que interpreta a un detective chino con un hijo adoptivo japonés; Milo Perrier en un intento burdo y poco elegante de parodiar al pulcro Hercule Poirot de A. Christie, y por último Sam Diamond (Sam Spade de El halcón maltés) interpretado por Peter Falk, más conocido por su brillante papel como Colombo.
Tampoco podía faltar un mayordomo que aporte su encanto, como en este caso lo hace Alec Guiness de forma magistral, interpretando a “Benson Señora”, un mayordomo ciego con un nombre un tanto peculiar, que dará lugar a una de las conversaciones más absurdas y divertidas de toda la película.
La historia es bastante simplona. Un millonario retorcido, Lionel Twain (Truman Capote) invita a su palacio a los 5 mejores detectives para que resuelvan un asesinato que aún no se ha cometido.
Si bien toda la intriga y las pistas para el crimen no tienen ni pies ni cabeza, este desorden es precisamente lo que hace que el espectador no tenga la menor idea de hacia dónde va el film y por lo tanto se mantenga pegado a la pantalla esperando ver algo, que nunca llega a ocurrir.
Los diálogos son estupendos y cargados de ironía todos ellos, los cuales no tienen otro propósito que desprestigiar un género en el que siempre sus protagonistas han destacado por sus brillantes deducciones y espectaculares soluciones de unos misterios, de los cuales siempre se le da la menor cantidad de información posible para que el espectador pueda llegar a alucinar con los listos que son los detectives, o lo tontos que somos el resto de los mortales.
Una cinta sin ninguna pretensión, que en una duración cercana a las dos horas arranca unas cuantas carcajadas al espectador. La recomiendo encarecidamente.

