miércoles, 29 de septiembre de 2010

Sherlock

“Colombo”, “Se ha escrito un Crimen”, “Hercule Poirot”, “Rex”. Si desde luego hay algo que sobra hoy en día, son series policiacas en las que hemos visto de todo, bueno y malo. Escritoras que atrapan asesinos, perros policía, detectives con bigote, detectives con puro y gabardina, y todo tipo de argucias televisivas y comerciales que han mantenido vivo el género policiaco y que han tenido su momento de gloria en la pequeña pantalla en algún momento de su existencia.

Hace algún tiempo, la BBC anunció el regreso del detective inglés más conocido de todos los tiempos. Efectivamente el 221B de Baker Street dejaría de estar vació. No obstante, ésta vez debemos dejar de lado la Inglaterra Victoriana para centrarnos en un Londres muy actual en el que los carros de caballos han sido substituidos por taxis y los telegramas por los mensajes de texto.

Os imagináis al hombre de la gorra con su pipa y gabán por el Londres del Siglo XXI? Yo os he de admitir que no podía imaginármelo. No obstante éste cambio es mucho más sencillo de lo que parece si la gorra, el gabán y la pipa, las cambiamos por un abrigo, una bufanda y un Smartphone. Así es como la BBC nos presente al nuevo Sherlock Holmes.

A primera vista, una idea moderna que en un principio podría incluso parecer descabellada y que seguro que sin la perfección de la BBC, y en manos de algún director de la nueva “hornada” de Hollywood hubiera resultado en un fracaso absoluto.

Yo me fui uno de los escépticos que no podía creer que esta nueva idea pudiera derivar en algo bueno, pero después me resultaba difícil apartar los ojos de la pantalla ya que esta miniserie atrapa desde el primer momento.

Los dos protagonistas resultan impecables. Benedict Cumberbatch pone cara y ojos a un Sherlock Holmes inteligente, obsesivo, y que interpreta su papel del personaje literario de forma magistral y que nada tiene que envidiar al predecesor del siglo XIX. El papel del fiel e inseparable Dr. Watson recae en Martin Freeman. Un soldado retirado que ha cambiado su libreta de notas por un blog en el que publicar las aventuras de su compañero.

En definitiva, una apuesta arriesgada en la que nada estaba asegurado, pero que después de tres episodios de 90 minutos ha conseguido un gran éxito y un buen número de seguidores, lo que asegura una segunda temporada, que al menos yo, espero con ansia.

martes, 28 de septiembre de 2010

Quantum of Solace 007

Después de casi 40 años y un porrón de películas con el mismo personaje como protagonista, es complicado decidirse por cual es la mejor y cual la peor de todas. En el rebuscado y a la vez simple mundo del agente secreto británico, existen opiniones para todos los gustos, “las mejores son las de Conery” dice la mayoría de la gente. Yo no estoy de acuerdo, pero esto no es el tema de hoy.

Hoy me centraré en la última entrega de esta macro saga, que viene con el nombre de Quantum of Solace. “Porqué comentas ésta precisamente?” os preguntaréis. Pues por una razón muy sencilla, porque con ésta última cinta, el personaje de James Bond muere para siempre.

Ya con las últimas ediciones de Pierce Brosnan, un personaje que históricamente había destacado por su elegancia y atractivo, perdía toda seriedad y credibilidad y comenzaba a dar pena. No obstante todavía se podía sentir el tufillo Bond en unos guiones realizados de forma pautada con smoking y pajarita, coches, inventos absurdos, martinis, mujeres, y final feliz.

Sin embargo, con Daniel Craig comenzó una nueva era en Casino Royale, la cual no decepcionó demasiado al público general, aunque sí comenzó a provocar un cierto malestar en los fans que se quejaban de la poca autenticidad y carisma del protagonista, así como un total descuido hacia personajes que no pueden faltar en toda entrega de Bond que se precie: Q, Monnypenny, etc.

Este “moderno” Bond deja de lado la chulería innata de sus predecesores y pasa a ser el típico personaje torturado por las traiciones de sus novias y convierte toda misión en una Vendetta personal. Esta nueva entrega está claramente pensada para nuevas generaciones de espectadores, a las que les encanta el toque “humano” y “más romántico” del protagonista mientras que los eternos fans ven al nuevo Bond como un pringado y un perdedor.

Quantum of Solace pretende continuar la historia comenzada en Casino Royale y Marc Foster fracasa estrepitosamente en su intento, ya que el espectador se pierde a los veinte minutos entre tanto disparo, paliza, sangre y explosión. En Casino Royale había una trama sólida y un guión que armonizaba la película, en Quantum no hay nada de nada. Demasiada acción inconexa acaba por saturar y cansar al espectador.

No digo que como producto de acción no tenga su atractivo, pero desde luego no lo tiene como James Bond. No me vale el ya trasnochado “es que hay que adaptar al personaje al siglo XXI”. Si si, lo que tú quieras, pero tan difícil es hacer sonreír al personaje o que haga alguna bromita? En el siglo XXI no hay de eso?.

En definitiva, una película que cumple con su propósito de entretener y recaudar, pero que hace rechinar los dientes a los fans más fervientes de Bond que inevitablemente sienten la misma sensación desagradable que con “Al servicio secreto de su Majestad”.

Apta para todos aquellos que hayan cambiado la pajarita por una camisa con manchas de sangre.

For England James?